SENTIDO DE LOS SANTUARIOS E IGLESIAS JUBILARES NACIONALES
Peregrinaciones a las iglesias jubilares
Toda la vida del hombre es avanzar hacia la casa del Padre de los cielos. Jesús dijo que Él es el Camino. La Iglesia, para explicar lo que ella es, se llama a si misma "Pueblo peregrino de Dios" (Concilio Vaticano II). El Espíritu Santo nos mueve a avanzar en esa senda y la Virgen María es la estrella en nuestro andar.
En los Años Santos los cristianos se ponían en camino a Tierra Santa y Roma. Así querían purificarse de sus pecados y acercarse más profundamente al Dios vivo.
En este Año Santo del Gran Jubileo del 2000, los Obispos han declarado en cada diócesis las catedrales, algunos santuarios y templos, como "Iglesias Jubilares". Todos estamos invitados a peregrinar a esos lugares santos para encontrar al Dios de misericordia y alegría.
Peregrinar. Exigencia y bendiciones.
Peregrinar significa partir, vivir el camino, llegar al encuentro y ser enviados.
1.- Partir. Ponerse en camino. Para esto hay que dejar atrás lo de todos los días. Así como el que comienza un viaje cambia de lugar, el peregrino tiene que estar dispuesto a cambiar de vida, convertirse.
2.- En el camino. Las peregrinaciones o romerías son mucho más que el traslado de una parte a otra. Para seguir caminando hay que tener esperanza en el corazón, creer que se llegará y que alguien nos estará esperando. Hay que superar el cansancio y las dificultades. Hay que solucionar los problemas imprevistos. En el tiempo del camino nos encontramos con otros que van en la misma dirección. Compartimos con ellos la oración, el canto, la fe y el amor. Juntos nos preparamos para llegar al lugar santo. Caminar es abrir el corazón más y más al Dios que nos espera.
3.- Encuentro. El hijo pródigo de la parábola de Jesús, que dejó atrás el país extranjero, lo que quería era llegar pronto al encuentro con su padre, al que había abandonado. Los lugares santos, los santuarios y templos son casa de Dios. Allí el Padre nos aguarda para estrecharnos con los brazos de Cristo. Ese encuentro de salvación y ternura es en el fuego de amor del Espíritu Santo. En el templo nos acogen María, nuestra madre, y nuestros hermanos los santos. Ahí estamos en casa, acogemos la palabra de Dios y el sacramento del perdón. En la fiesta de la Eucaristía recibimos a Jesús, Pan de vida y gozo de los hombres.
4.- Envío. Los peregrinos vuelven a sus casas cambiados. La Iglesia los envía a ser testigos de Cristo en la vida diaria. En la familia, en el trabajo, en la construcción de la patria. Lo que hemos recibido, lo que el Señor y su Madre nos han regalado, tenemos la misión de trasmitirlo a los demás. Tenemos que ser misioneros del Evangelio en el mundo. Pero la peregrinación continúa. Toda nuestra historia es dejarse mover por el Espíritu Santo, para avanzar por el Camino que es Cristo, e ir hacia el Padre de los cielos.
El Santo Padre, en su carta de convocación a este Año Jubilar, pide que "María, Madre de la misericordia interceda con más intensidad a favor del pueblo cristiano durante los próximos meses. Que ella, que con su hijo Jesús y su esposo José peregrinó hacia el templo santo de Dios, proteja el camino de todos los peregrinos en este Año Jubilar" (Bula I.M. 14).
Santiago, 17 de noviembre de 1999
http://www.iglesia.cl/jubileo/santuarios.htm